Juan Murillo Arias & Roger Samsó, PhD
Nuestro Proyecto Loma Verde ha alcanzado un hito importante: su validación por parte del organismo de validación y verificación. Esto significa que, de acuerdo con los criterios de los auditores que en mayo de 2025 visitaron la propiedad Loma Verde, donde se encuentra ubicado —en el norte de la provincia de Corrientes, Argentina—, el proyecto cumple con las condiciones para ser registrado en Verra, el estándar que hemos elegido para su desarrollo bajo la metodología VM0047, respaldada por ICVCM como alineada con sus Principios Fundamentales del Carbono.
En este punto, quisimos detenernos y mirar hacia atrás. Reflexionar abiertamente sobre los pasos que hemos dado en las fases iniciales es, para nosotros, mucho más que un ejercicio técnico: es la historia de un proceso lleno de aprendizajes, decisiones complejas y convicciones profundas. Hemos tomado decisiones de diseño que marcarán el rumbo del proyecto durante décadas, definiendo su capacidad de generar un impacto positivo y duradero, tanto en el ambiente como en las comunidades que conviven con él.
Trabajar en proyectos de tan largo plazo nos hace sentir un poco como constructores de catedrales: quizás no veamos la obra terminada, pero cada piedra que colocamos, cada metro que elevamos, afirmará nuestro orgullo de haber participado en esta misión. A medida que el proyecto se ha convertido en una realidad en el territorio, queremos compartir el proceso que ha sentado una base que consideramos sólida.
La elección de la ubicación
El establecimiento Loma Verde, con una superficie total de 2.531 hectáreas, fue adquirido en 2023 por el socio implementador del proyecto, Pomera Maderas, tras evaluar distintas alternativas en la región. La selección del sitio respondió a un conjunto de criterios que debían cumplirse de manera simultánea: condiciones de elegibilidad acordes con salvaguardas ambientales y sociales, potencial de almacenamiento de carbono, viabilidad operativa y coherencia ambiental.
Para ello se combinaron tres niveles de análisis. En primer lugar, un conocimiento detallado del marco metodológico y regulatorio de los proyectos ARR. En segundo lugar, el estudio del territorio mediante datos de teledetección, cartografía histórica y trabajo de campo. Y, en tercer lugar, el conocimiento regional y operativo acumulado durante décadas de manejo forestal en la cuenca del Paraná por parte de Pomera.
Loma Verde reunía las condiciones necesarias para desarrollar un proyecto de remoción de carbono bajo el enfoque de Forestación, Reforestación y Revegetación (ARR), pero también planteaba interrogantes que requerían un análisis profundo del territorio.
El contexto: un ecosistema de transición
La propiedad se encuentra inserta en la ecorregión de Campos y Malezales, un paisaje de pastizales subtropicales donde se intercalan islas de monte o “mogotes”, y bosques en galería asociados a ríos y arroyos. Funciona como un ecotono o zona de transición entre la Selva Paranaense, al norte, y los pastizales y humedales de Corrientes, como los Esteros del Iberá o la cuenca del río Aguapey.

En esta ecorregión, los pastizales y los ambientes abiertos no constituyen un estado transitorio, sino la base funcional del ecosistema. Las comunidades vegetales herbáceas sostienen cadenas tróficas adaptadas a espacios abiertos y a regímenes hídricos complejos. Especies como el ñandú, el venado de las pampas, el ciervo de los pantanos o el aguará guazú —el cánido más grande de Sudamérica— encuentran aquí su hábitat preferido.
Por otro lado, los “mogotes” de bosque nativo, dispersos a lo largo del paisaje, cumplen funciones ecológicas clave: refugio térmico, áreas de nidificación, provisión de alimento y nodos de mayor complejidad estructural. En ellos se concentran especies como el mono aullador, el oso hormiguero gigante, el guacamayo rojo y verde, el pecarí de collar o el yaguareté.

Mono aullador (Alouatta caraya): Especie asociada a riberas arboladas.

Oso hormiguero gigante (Myrmecophaga tridactyla): Esta especie necesita áreas arboladas para refugio y protección del sol. | Foto: David Waite.

Pecarí de collar (Pecari tajacu): Vive principalmente en bosques y selvas, aunque también aparece en matorrales densos. | Foto: diseñado por Freepik.

Capibara (Hydrochoerus hydrochaeris): Habita áreas cercanas a cuerpos de agua y vive en manadas, formando grupos de hasta 100 ejemplares.

Ciervo de los pantanos (Blasteocerus dichotomus): Especie en peligro que habita pantanos y llanuras de inundación; generalmente es solitaria, aunque también se encuentra en parejas o pequeños grupos.

Garza blanca grande (Ardea alba): Habita juncales en costas y en bahías de lagos y ríos de corriente lenta.

Cigüeñuelas de alas negras (Himantopus melanurus) y patos silbones de cara blanca (Dendrocygna viduata): Habitan áreas con agua y vegetación abundante.

Gaviotín de pico grande (Phaetusa simplex): Sus hábitats naturales son los ríos y los lagos de agua dulce.
Diseñar un proyecto forestal en este contexto exige partir del reconocimiento de esta heterogeneidad y de la coexistencia histórica entre sistemas abiertos y cerrados.
Una tierra con una historia particular
Desde la llegada de los europeos, durante siglos Loma Verde estuvo dedicada principalmente a la ganadería extensiva, especialmente en su mitad norte, mientras que en el sur existieron campos de arroz que más recientemente también fueron transformados en pasturas forrajeras. La actividad ganadera, sostenida mediante quemas periódicas, fue alterando progresivamente la estructura del suelo, degradándolo por erosión y compactación, y reduciendo la extensión y densidad de los mogotes de bosque nativo.
Aun bajo la presión ganadera, parte de los sistemas originales persistió. Remanentes de bosque nativo y amplias superficies de pastizales con características de humedal conservaron su funcionalidad ecológica. Desde las fases iniciales del proyecto, estos ambientes fueron identificados como elementos estructurales del sistema territorial y considerados en el diseño general como áreas de conservación.
Zonificación para integrar, no para excluir
El diagnóstico territorial desarrollado tras la adquisición de la estancia tuvo como objetivo comprender el funcionamiento del sistema antes de definir cualquier intervención. Con el apoyo técnico del INTA, se recopilaron y analizaron múltiples fuentes de información: datos históricos, relevamientos de campo con toma de muestras posteriormente analizadas en laboratorio, características topográficas y edafológicas para la evaluación de la capacidad de drenaje, integrando todos estos insumos para alcanzar una zonificación precisa.
Esta zonificación permitió distinguir, por un lado, las áreas con funciones ecológicas específicas de esta ecorregión —pastizales húmedos en las zonas bajas y ambientes abiertos, junto con remanentes de bosque nativo en las áreas altas— que debían preservarse; y, por otro, los sectores donde podía desarrollarse la forestación sin alterar estas dinámicas. El resultado fue un diseño en mosaico, en el cual las áreas de conservación y las áreas de plantación forman parte de un mismo sistema.

En total, 587 hectáreas, aproximadamente el 23 % de la superficie del predio, fueron integradas como áreas de conservación de alto valor ambiental: 413 hectáreas de pastizales y humedales, y 174 hectáreas de bosque nativo. Estas superficies fueron incorporadas al proyecto ARR no como espacios residuales, sino como componentes esenciales del ecosistema, cuya preservación permite mantener procesos ecológicos clave y aportar estabilidad al conjunto.
Diseño forestal del proyecto desde una perspectiva territorial
Las 1.789 hectáreas destinadas a forestación fueron subdivididas a partir de una segunda zonificación, que diferencia entre zonas altas y bajas, con dinámicas de suelo y agua distintas.
En las zonas altas, la especie dominante es el eucalipto, y en las zonas bajas, el pino híbrido. Ambas especies presentan altas tasas de crecimiento y permiten remociones promedio del orden de 25 tCO₂ por hectárea por año, en línea con los objetivos de un proyecto ARR. De este modo, el dióxido de carbono que la biomasa forestal acumulará durante los 43 años del proyecto asciende a aproximadamente 2 millones de toneladas.
Junto con estas especies de rápido crecimiento, se incorporan 20 especies nativas que ocupan alrededor de 274 hectáreas. Estas especies se disponen en franjas que rodean e intercalan los lotes de eucalipto y pino, formando corredores ecológicos y actuando como fuentes de semillas. Ya hemos desarrollado en otro artículo por qué es necesario combinar especies nativas y exóticas para maximizar simultáneamente los objetivos ambientales: una rápida remoción de carbono y el fortalecimiento de la biodiversidad.

Una amplia variedad de especies nativas refleja la riqueza forestal de las tierras altas y bajas de este territorio.
Existe también un pequeño embalse para riego cuya superficie de agua ocupa aproximadamente 400 hectáreas. Aunque este elemento no forma parte de la propiedad, se encuentra rodeado por el proyecto, constituyendo un punto valioso para la biodiversidad, ya que la fauna del área acude a él para abastecerse de agua y existe una presencia permanente de aves acuáticas.
Franjas de árboles nativos conectan la cuenca del río Aguapey, adyacente al proyecto en su extremo oeste, con esta laguna.

Plantación de árboles de Loma Verde a diciembre de 2025.
La plantación como estructura vivero
Uno de los principios que guiaron el diseño fue entender la plantación no como un destino final, sino como una estructura vivero que evolucionará con el tiempo. La presencia de especies de rápido crecimiento que no serán cosechadas permite generar condiciones microclimáticas y edáficas más favorables que las existentes tras décadas de uso ganadero intensivo y quemas recurrentes, favoreciendo la regeneración natural y la transición de la plantación hacia un bosque secundario.
En este esquema, las franjas de especies nativas desempeñan un rol central: funcionan como reservorios de semillas y facilitan que, con el tiempo, las especies autóctonas puedan establecerse de manera natural en los interfilas de la plantación. Este proceso de regeneración natural solo es viable en un contexto de estabilidad estructural, en ausencia de cosecha y sin perturbaciones periódicas, permitiendo que los procesos sucesionales se desarrollen sin interrupciones y que la complejidad ecológica del sistema aumente progresivamente.
Las franjas de especies nativas también cumplen otras funciones: favorecen la biodiversidad de fauna, debido a la provisión de frutos comestibles y al refugio que ofrece la cobertura forestal, y ejercen además un cierto efecto cortafuegos, ya que el conjunto de especies nativas utilizadas está asociado a un bajo riesgo de inflamabilidad.
Con ello se logra un diseño que prioriza la estabilidad de largo plazo del stock de carbono y la compatibilidad con los sistemas ecológicos existentes, integrando la plantación en el territorio sin intentar homogeneizarlo.
Loma Verde no es solo un proyecto de remoción de carbono
Desde las fases iniciales, el proyecto incorporó también un análisis del contexto social y cultural. Equipos especializados en antropología, sociología y arqueología permitieron identificar las necesidades de las comunidades vecinas y documentar restos arqueológicos vinculados a antiguas estancias jesuíticas, origen de las prácticas ganaderas en la región desde los siglos XVI y XVII.
Estos elementos se integran en un plan de acción social que contempla, entre otros aspectos, el apoyo a huertas comunitarias, programas de prevención de enfermedades endémicas, iniciativas educativas, acciones orientadas al autoempleo de mujeres, mejoras en el acceso al agua potable y la conservación del patrimonio cultural.
Evidentemente, en un proyecto que se extenderá hasta 2066, este plan será flexible y adaptable a la evolución del contexto socioeconómico del entorno en el que se inserta.
Balance de esta etapa
Los pasos descritos abarcan el inicio de un proyecto que, una vez aprobado de manera definitiva, se sumará a sus antecedentes: Proyecto Tapyta en Paraguay y Proyecto Puerto Valle, también en Corrientes. Con esta cartera de proyectos, completamos una etapa de aprendizaje, conformación de equipos y consolidación que culminará en 2026, año en el que Cambium Earth celebrará tres años desde su fundación.
Miramos hacia el futuro con optimismo y con la firme voluntad de desarrollar nuevos proyectos basados en todo el aprendizaje acumulado, especialmente en el conocimiento de especies arbóreas nativas, una apuesta estratégica en la que Cambium Earth y Pomera Maderas avanzan conjuntamente, como parte del Grupo INSUD, haciendo tangible su compromiso con la innovación y la sostenibilidad.
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